|
Dissabte, 20 d'octubre de 2007
Más allá de la Transición
Cuando escuché el discurso que Rajoy pronunció el pasado 12 de octubre con motivo del Día de la Hispanidad experimenté un “déjà vu”.
La apelación a todos los ciudadanos a “honrar” la bandera “que cubre el féretro de nuestros soldados”, a manifestar el orgullo de sentirse españoles más allá de la propia ideología, o el requerimiento a que demostrasen lo que “ guardan en el corazón” me resultaban extrañamente familiares. Los había leído en algún otro lugar.
De pronto, la memoria me llevó hasta el Teatro de la Comedia de Madrid, un otoño de 1933. José Antonio Primo de Rivera pronunció allí y entonces un discurso apasionado y brillante con el fin de exponer, por vez primera, los puntos fundamentales de la recién creada Falange Española.
En aquella ocasión, José Antonio advirtió a todos los allí presentes que su movimiento defendería “alegremente” la bandera, que no era “de derechas ni de izquierdas” y que “La Patria” era “una unidad total, en la que se integran todos los individuos y todas las clases”. También decía José Antonio al público que fue a escucharlo aquel día que debían adoptar el “sentido ascético y militar de la vida” y que, en un “movimiento poético”, ellos levantarían un “fervoroso afán de España”. Está claro que el patriotismo subido de tono que practica Rajoy últimamente agita demasiados fantasmas del pasado. Y disfrazarse de un encorsetado Rey Juan Carlos tampoco va a solucionar los problemas de imagen que padece el líder del PP: un aire excesivamente decimonónico y un tono gris que invita al bostezo.
Si querían sacarse el San Benito de “hijos del franquismo”, los populares van por mal camino. Todo el mundo sabe lo mucho que se preocupan por la unidad de España. No les hace falta seguir convenciéndonos de su amor a la patria, sinó que lo que de verdad necesitan es darse un baño de modernidad y cosmopolitismo, que desde luego nadie asocia con el patrioterismo pseudofranquista que practican últimamente. Mal negocio, esto de recurrir al pasado. Retrotraerse al espíritu de la transición puede hacerles viajar tan atrás que acaben precipitándose a tiempos muy, muy lejanos.
|